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Para las empresas, en la mayor parte de los casos, un traslado o renovación a otro tipo de tecnología informática se ve debido a dos factores: productividad y/o rentabilidad. A la hora de decidir realizar una inversión para modificar métodos de trabajo, o mejorar los ya existentes, es importante tener en cuenta todas las posibles consecuencias de dichos cambios.

En la actualidad el proceso de actualización más común en todas las empresas es el salto a la nube. Por la nube nos referimos a todo conjunto de procesos o recursos que se encuentren distribuidos de manera externa a la empresa que los utiliza, de forma que su instalación, configuración y mantenimiento queda en manos de terceros, que deben garantizar la estabilidad de los servicios ofrecidos. De esta forma, nos encontramos ante una nueva implementación sobre los modelos de negocio tradicionales, donde los elementos técnicos e informáticos que se emplean directamente en una compañía se encuentran, por así decirlo, externalizados.

La decisión del cambio al trabajo en la nube tiene, como todas las cosas, ventajas e inconvenientes claros. Pero lo que se viene a tratar en este artículo es la rentabilidad asociada a este nuevo modo de trabajo, y si supone en realidad un ahorro en costes tanto materiales como humanos con respectos a los métodos anteriores.
El funcionamiento general de este sistema es tener tanto información como aplicaciones de uso almacenadas en servidores externos, a los que no tenemos acceso físico debido a que no se encuentran en nuestras instalaciones. La forma de pago para este tipo de servicios está basado en un modelo de pago por uso de la infraestructura, donde un mayor número de usuarios genera un mayor uso en horas de trabajo y tráfico de datos. Por lo tanto, para empresas de gran tamaño, no siempre es lo adecuado contar con este tipo de disposiciones cloud, puesto que los gastos de uso se disparan, y puede ser económicamente mas interesante contratar y mantener servidores propios en nuestros lugares de trabajo.

Pero para el resto de tamaños de empresa (tanto mediana como pequeña) las ventajas de la gestión de procesos en la nube resultan evidentes: precio más asequible que la contratación completa de los equipos (sin contar el personal de mantenimiento necesario), establecimiento de precios fijos para los equipos, acceso en cualquier lugar a las aplicaciones y datos, y la posibilidad de contar con aplicaciones que de otro modo no podrían ser adquiridas por pequeñas empresas.

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