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Con la aparición en el sector del almacenamiento de datos de los discos SSD durante los últimos años se ha especulado sobre la vida útil de estos dispositivos, y si es recomendable su uso a nivel empresarial.

En primer lugar, resulta obvio y evidente que los discos sólidos son mucho más rápidos que los discos duros tradicionales. Esta velocidad no solo se refleja a la hora de mover un gran número de ficheros y archivos de gran tamaño, sino en el uso cotidiano de la máquina en la que esté instalado. El tiempo de respuesta para acceso a disco de las aplicaciones y el sistema operativo se reduce considerablemente, permitiendo al usuario observar una mejoría en rendimiento (que al mismo tiempo aumenta su productividad al reducirse los tiempos de espera en procesos). El tiempo de arranque inicial del sistema operativo también se reduce, permitiendo comenzar a trabajar mucho antes que con los sistemas anteriores.
Todo lo anterior sin duda constituyen ventajas para el usuario profesional, y una seria opción a tener en cuenta para aumentar el rendimiento de su empresa a un coste relativamente bajo (sustituir un disco duro tradicional por uno nuevo SSD puede costar entre 80€ y 200€, dependiendo de la cantidad de almacenamiento disponible) en comparación a sustituir todo un equipo para aumentar la potencia del mismo. Es un pequeño cambio que representa una mejora palpable para el usuario común. Se trata de una de las actualizaciones para equipos informáticos más recomendables en la actualidad.

Por otro lado, se han demostrado a través de benchmarks o pruebas de rendimiento que el traslado de archivos de video o fotografías de gran tamaño mediante un disco SSD puede mermar hasta en varios años la vida útil del dispositivo, en comparación con realizar las mismas acciones con ficheros de texto u hojas de cálculo de menor tamaño. Conviene no olvidar que el tiempo de vida de estos componentes está determinado por el número de lecturas y escrituras a disco realizado, y que este tiempo medio disminuye si el disco se trata de un SSD, por sus características técnicas (elementos más sofisticados, nula generación de ruido y calor, ausencia de partes móviles en el interior) y su sensibilidad a golpes y fallos.

Por todo lo anterior, a pesar de ser una elección muy recomendable para entornos empresariales, hay que tener en cuenta que el cambio a discos duros SSD requiere prestar especial atención a la generación y gestión de copias de seguridad de los datos de una forma más estricta y lo más continua posible, puesto que estos componentes acabaran fallando, y probablemente, en un espacio de tiempo menor que en los discos duros tradicionales.

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